martes, 14 de febrero de 2012

ABUELOS



Un grupo de setenta jubilados catalanes de entre 60 y 80 años, veteranos de la resistencia a la dictadura de Franco, ha comenzado a utilizar su experiencia en la lucha clandestina, reemplazando a los jóvenes indignados. Se especializan en acciones “relámpago”. Han ocupado la sede del Banco Santander y la sede en Barcelona de la agencia de calificación Fitch. Su última acción fue el secuestro de un autobús urbano por el aumento de las tarifas. El sociólogo Felipe Aranguren, de 61 años, se ha presentado como su portavoz. Destaca que ahora “hay más mentiras” que durante el franquismo, donde “la represión era más directa”. “Queremos hacer ver que los abuelos no estamos muertos –agregó–. Que estamos vivos y que apoyamos a los jóvenes en su lucha.”

miércoles, 1 de febrero de 2012

La estrella de “Amelie”, en Buenos Aires.


Audrey Tautou fue fotografiada hace minutos en el bar El Federal de San Telmo. La actriz francesa, protagonista también de El Código Da Vinci, se encuentra en nuestro país, aparentemente de vacaciones.
Según publicó Vanina Berghella, la twittera que subió la foto a la red social, la francesa comió un sandwich de pollo, con tomate y queso y Coca light, y le firmó un autógrafo al mozo que la atendió en la barra.
Tautou, acompañada de un hombre, miró algunas fotos en su cámara, y luego partió para seguir paseando por Buenos Aires.

jueves, 19 de enero de 2012



En 2004 en The New York Times, Ron Suskind reveló una conversación que había mantenido en 2002, con un asesor de George W. Bush: “Me dijo que las personas como yo ‘creen que las soluciones surgen de su juicioso análisis de la realidad observable’. Yo asentí y murmuré algo sobre los principios de la Ilustración y el empirismo. Pero él me interrumpió: ‘El mundo ya no funciona de esa manera. Ahora somos un imperio, prosiguió, y cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y, mientras ustedes estudian esa realidad, nosotros volvemos a actuar y creamos otras realidades; y así es como pasan las cosas. Nosotros somos los actores de la historia. Y a ustedes, a todos ustedes, no les queda otra cosa que estudiar lo que nosotros hacemos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Murió el chimpancé Chita, que protagonizó filmes de Tarzán en la década del ’30.


Chita, el chimpancé que protagonizó películas de “Tarzán” en las décadas del ’30 y ’40, murió a los 80 años de edad, informó el santuario de Florida donde el animal vivió por más de 50 años.




“Es con gran pesar que la comunicad ha perdido a un querido amigo y un miembro de la familia el 24 de diciembre de 2011″, señaló en su sitio web el Santuario Suncoast Primate de Palm Harbor, en Florida.

Chita participó, entre otras, en las películas “Tarzán the Ape Man” (Tarzán de los Monos) en 1932 y “Tarzán and his Mate” (Tarzán y su compañera) en 1934, filmes clásicos que relatan las aventuras de un hombre criado en la selva, protagonizados por Johnny Weissmuller y Maureen O’Sullivan.

El chimpancé, que llegó al santuario en 1960, amaba pintar con sus dedos y mirar football, y se calmaba escuchando música cristiana, dijo al diario Tampa Tribune Debbie Cobb, director del Santuary Suncoast Primate.

“El podía saber cuando yo tenía un día bueno o un día malo. Siempre trataba de hacerme reír si yo estaba teniendo un día malo. Estaba muy a tono con los sentimientos humanos”, comentó Cobb al periódico.

Ron Priest, un voluntario que trabaja en el santuario, dijo al Tribune que Chita se destacaba porque podía pararse con la espalda erguida, como un humano, además de tener otros talentos.

“Cuando a él no le gustaba alguien o algo que pasaba, tomaba algo de sus excrementos y se los arrojaba. Podía lanzarlo hasta a unos 30 pies (unos 9 metros) a través de las barras” de su jaula, recordó Priest.

jueves, 15 de diciembre de 2011

NUNCA MAS.



 Cuando se encuentran en España un hombre y un toro no se puede hablar de deporte ni de combate, ni siquiera de tentativa de combate. Solamente se puede hablar de tragedia.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Falleció el cineasta Ken Russell.


Tommy, Litztomanía, La otra cara del amor (la vida de Tchaikovsky), Mujeres apasionadas, Los diablos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

CABALLO DE GUERRA (Mario Vargas Llosa). Una obra de teatro recrea la espantosa carnicería de la Primera Guerra Mundial desde la mirada de un caballo. Murieron ocho millones hasta que al final de la contienda los sustituyó el tanque.



¿Es posible representar en un escenario la espantosa carnicería de la Primera Guerra Mundial, con sus 20 millones de muertos, sus soldados asfixiados por los gases de mostaza en trincheras llenas de barro, sapos y ratas, y los pueblos, aldeas y familias destruidos por los obuses, incendios y el odio vesánico de los contendientes?.
La obra está basada en la novela del mismo nombre de Michael Morpurgo, un escritor inglés de origen belga, conocido hasta ahora sobre todo por sus libros de cuentos para niños. Fue adaptada al teatro por Nick Stafford y se estrenó y dio en Londres en el National Theatre con éxito semejante al que luego ha alcanzado en los Estados Unidos. El entusiasmo de los espectadores está más que justificado: War Horse es un espectáculo extraordinario que mantiene en estado de trance a su público las dos horas y media que dura, sumergiéndolo en los horrores de aquella contienda, en la que participaron dos docenas de países y que cambió la faz de Europa. Las escenas se suceden a ritmo de vértigo, cada una más sorprendente y atrevida que la anterior, y es difícil decidir qué es más digno de aplauso en lo que vemos, si la destreza y perfecta interacción de las masas de actores (que parecen multiplicarse como células cancerosas en sus acrobáticas evoluciones) o el llamativo despliegue de la tecnología en los decorados, las luces, el vestuario y la música. La historia circula por ambientes diversos, del frente de batalla y los combatientes a la retaguardia civil, de hogares deshechos, muchedumbres de desplazados, pueblos desiertos, sobrevivientes hambrientos y nubes de huérfanos.
Un gran espectáculo no tiene por qué ser al mismo tiempo una gran obra de teatro Los cuadrúpedos enfrentan su destino con resignación, sin perder nunca la dignidad
Es perfectamente posible, a condición de contar con el talento artístico y la infraestructura dramática indispensables. La prueba de ello es War Horse (Caballo de guerra), el gran éxito de esta temporada teatral en Nueva York, que presenta cada noche ante auditorios compactos y delirantes el Vivian Beaumont del Lincoln Center Theater.
La obra está basada en la novela del mismo nombre de Michael Morpurgo, un escritor inglés de origen belga, conocido hasta ahora sobre todo por sus libros de cuentos para niños. Fue adaptada al teatro por Nick Stafford y se estrenó y dio en Londres en el National Theatre con éxito semejante al que luego ha alcanzado en los Estados Unidos. El entusiasmo de los espectadores está más que justificado: War Horse es un espectáculo extraordinario que mantiene en estado de trance a su público las dos horas y media que dura, sumergiéndolo en los horrores de aquella contienda, en la que participaron dos docenas de países y que cambió la faz de Europa. Las escenas se suceden a ritmo de vértigo, cada una más sorprendente y atrevida que la anterior, y es difícil decidir qué es más digno de aplauso en lo que vemos, si la destreza y perfecta interacción de las masas de actores (que parecen multiplicarse como células cancerosas en sus acrobáticas evoluciones) o el llamativo despliegue de la tecnología en los decorados, las luces, el vestuario y la música. La historia circula por ambientes diversos, del frente de batalla y los combatientes a la retaguardia civil, de hogares deshechos, muchedumbres de desplazados, pueblos desiertos, sobrevivientes hambrientos y nubes de huérfanos.
Un gran espectáculo no tiene por qué ser al mismo tiempo una gran obra de teatro y Caballo de guerra no lo es. Nunca traspasa la superficie de la guerra y sus estragos, no hay en ella personajes individuales que descuellen ni un conflicto en el que se trasluzcan los temas neurálgicos de la condición humana, aquellos sótanos enigmáticos de la existencia cotidiana de hombres y mujeres. Sus actores son grupos gregarios, estereotipos, símbolos, figuras sin alma, comparsas, dotados todos ellos, eso sí, de una notable capacidad mutante, danzarines y acróbatas a la vez que comediantes, que se desdoblan y triplican y encarnan, cada uno, dos, tres, diez papeles diferentes, en ese carrusel desbocado que parece el tiempo en esta historia.
No podría ser de otra manera, pues los personajes centrales de la obra no son seres humanos, sino los caballos, en especial un noble cuadrúpedo llamado Joey por sus amos, cuya peripecia vital seguimos desde que es un joven potrillo arisco y caprichoso, simpático y querible, hasta que, años más tarde, hecho una ruina física pero indoblegable en su voluntad de vivir, retorna a la campiña de suaves colinas de Dover en la que se crió, luego de haber sobrevivido milagrosamente a los atroces cuatro años de guerra que padeció casi siempre en los lugares de mayor peligro.
No conozco la novela de Michael Morpurgo en que está basada la obra, pero no hay duda que es ingeniosa y audaz la perspectiva que eligió su autor para presentar este alucinante documental sobre las atrocidades de la Gran Guerra: la mirada de un caballo. Fue la última conflagración en la que los caballos participaron de manera masiva. Murieron unos ocho millones de ellos, arrastrando cañones y ambulancias, llevando y trayendo tropas, alimentos, heridos y cadáveres, o en cargas disparatadas de los regimientos montados en las que terminaban enredados y desangrándose en las alambradas antes de volar en pedazos por efecto de las explosiones. Del millón de caballos ingleses que fueron al frente sólo regresaron a la isla unos 62.000.
En los últimos meses de la guerra apareció el nuevo animal que reemplazaría al caballo en los futuros conflictos, un cuadrúpedo de acero y orugas en vez de patas, tan feo, macizo y destructivo como su denso nombre: el tanque.
Los caballos que aparecen en el espectáculo son hermosos y enormes, poseídos de una vitalidad conmovedora, más tiernos y sensibles que esos pobres soldaditos que se entrematan a su alrededor en la vorágine incompresible y feroz a la que han sido acarreados. Los cuadrúpedos enfrentan su destino con resignación y cumplen sus deberes hasta el último aliento, sin perder nunca la dignidad. Son de madera y han sido construidos por una compañía sudafricana, la Handspring Puppet Company, fundada por Adrian Kohler y Basil Jones, los artífices de esas escenas milagrosas en que los caballos galopan, saltan, hacen extraños, se desploman o vuelan al compás de las peripecias de la historia. Uno tiene la impresión de que, en algún momento, esas estructuras de madera se transustancian en caballos de verdad, y que los tres o cuatro marionetistas que los manipulan desaparecen, absorbidos por la magia del teatro, y por eso se llenan de lágrimas los ojos de los espectadores cuando los infelices y heroicos animales se desmoronan, alcanzados por los proyectiles, o son sacrificados para salvar de la inanición a los soldados.
Cuando uno ve una obra como ésta, que lo maravilla por su riqueza plástica, por la excelencia de su factura, por sus audacias, sorpresas y la genialidad de su hechura, tal vez sea una mezquina injusticia preguntarse si el teatro del futuro inmediato se irá acercando cada vez más a la feérica naturaleza de War Horse y pareciéndose cada vez menos al teatro tradicional, aquel en el que eran las palabras, las acciones y los sentimientos la razón de ser del espectáculo, lo que lo justificaba o hundía. Porque en esa maravilla que es Caballo de guerra el espectáculo es tan prodigioso y autosuficiente que la anécdota, los parlamentos, las pasiones y emociones se han convertido en un mero pretexto para la representación, de modo que no es abusivo decir de ella que, siendo todo lo magnífica que es, está más cerca del Cirque du Soleil que, digamos, de la mejor producción concebible de una pieza de Shakespeare, Ibsen o Valle-Inclán.
La pasé fantásticamente bien viendo War Horse, pero, al salir a enfrentarme al viento neoyorquino, me asaltó de pronto la sospecha angustiosa de que, dadas las tendencias de la cultura en nuestros días, el teatro podría convertirse tarde o temprano en eso, sólo en eso.

 
MARIO VARGAS LLOSA 20/11/2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011

ACABO DE VER A UN BEATLE. (Crónica rapidita y al pie). "It´s only ´I wanna be your man´ but I like it"

Mi deseo era ver a Ringo. Ver a Ringo como a cualquier otro Beatle. Si el tipo aparecía, decía "hola" y se iba, para mí estaba bien. Si tocaba una zamba, recitaba a Vargas Llosa, o contaba como River se fue al descenso, me daba lo mismo. Me pasó con los Stones y también con McCartney. En ese sentido, yo salí hecho. Fuí por la leyenda, por los recuerdos de la infancia, y nada hay en el mundo que se compare con un Beatle. Fui en búsqueda del mito beatle y ahí estaba. Dicho esto, debo reconocer que el show cumplió y nada mas. Tiene 71 años, no le vamos a pedir los 60´s, claro. Pero se lo bancó bien. Es un Beatle, y un Beatle no se discute, se disfruta y ya. Alguien podría decir que no es Paul (o mas prescisamente que "no fue como el show de Paul"). Y ese alguien tendría razón. En mi caso, sabía que Ringo plantaba su show desde otro lado. Tuve la impresión de de estar en una fiesta, en la fiesta de graduación de los estudiantes del colegio de artes en Liverpool!!, yeahhh!!. Noche de baile y a recordar hits. Me hubiera gustado que tocara mas temas de los Beatles. Seguro, que tantas canciones de los otros músicos de la banda,  conspiraron con el power del show. Tres temas menos de sus acompañantes, reemplazados por otros tantos de los Beatles, hubieran hecho la diferencia. Sobretodo los impostados sets de Gary Wright, "tiraron para abajo", promediando el show. Cuando la gente ya se impacientaba, Ringo volvió a levantar con el final de "With a little help for my friends" y "Give peace a chance". En fin, mis primeras impresiones del show a minutos del cierre. Anochecer de u día agitado, ACABO DE VER A UN BEATLE, Yeahhhh!!! y finalmente eso eso es lo que importa.

(Palo Carugati para Ines Chantall)

miércoles, 19 de octubre de 2011

Pavo real volando evoca a la mítica ave fénix


Esta extraordinaria imagen de un pavo real volando —abriendo las alas en una celeste crucifixión— ha circulado en Internet recordando a algunos la poética leyenda del ave fénix. La imagen fue tomada por un aficionado indio a la naturaleza, Kulashekara, y destaca por capturar en todo su esplendor el vuelo de un ave que comúnmente se observa anclada a la tierra, pero que durante el vuelo reluce con los colores del sol naciente en sus alas y las joyas relumbrantes de su cola.


El pavo real es históricamente el ave que más semejanzas tiene con el fénix; al igual que el fénix, para el cristianismo el pavo real simbolizó la resurección y la inmortalidad (y por lo tanto a Cristo). Los egipcios, probablemente por su similitud descriptiva con el fénix, consideraban al pavo real un ave sagrada. Por su belleza, es comprensible que el pavo real fuera el ave favorita de la suprema diosa griega Juno.
En China se dice que la cabeza del Ave Fénix guarda semejanza con el cielo, los ojos al sol, la parte trasera a la luna, sus alas al viento, las patas a la tierra y su cola a la distancia.

Jorge Luis Borges, en su Libro de los Seres Imaginarios, dice del fénix:
«Los antiguos creyeron que, cumplido ese enorme ciclo astronómico, la historia universal se repetiría en todos sus detalles, por repetirse los influjos de los planetas; el Fénix vendría a ser un espejo o una imagen del universo. Para mayor analogía, los estoicos enseñaron que el universo muere en el fuego y renace del fuego y que el proceso no tendrá fin y no tuvo principio».

miércoles, 12 de octubre de 2011

Levantado de Facebook.


Dos amigas mueren y se encuentran en el cielo. Y una le pregunta a otra: -Como moriste tu? -Congelada. -Y duele? -Y, al principio te dan unos escalofríos horribles, después te da un dolor en los dedos y los huesos, te empiezas a congelar. Me dormí y morí. -Uuyy, que horrible! -Y vos como moriste? -Bueno a mi me dio un infarto -Y como fue eso? -Bueno, te cuento. Creía que mi esposo me estaba engañando, así que regresé temprano a la casa y lo encontré muy tranquilo viendo tele. Salí corriendo al garage y no encontré nada. Luego fui al patio y nada. Subí corriendo a la segunda planta y nada. Cuando venia bajando las escaleras me dio un infarto de la alegría que no me era infiel y morí. -NOOO JJAJAJA! Hubieses buscado en la heladera y las dos estaríamos vivas!!!

lunes, 19 de septiembre de 2011

Abrazo de oso.


Sin duda, el amor filial no es monopolio del ser humano. Si no, imposible comprender el episodio de inteligencia y cariño osuno, registrado en una finca de una remota zona del noroeste de China, en la que se mantenía en cautiverio a unos osos para filtrar a diario sus vesículas. ¿Para qué? Para extraer bilis, sustancia cotizada, ampliamente utilizada por la medicina tradicional del país oriental. Aunque todos y cada uno de los ejemplares estaban encerrados en pequeñas jaulas (conocidas como “crush cages”), una osa madre que escuchó cómo su cachorro lloraba en plena sesión de extracción, efectuó unas maniobras y logró escaparse. Fue en busca de su hijo y, cuando lo halló, intentó liberarlo, para ayudarlo a escapar de las torturas rutinarias, pero la jaula estaba tan bien asegurada que fue imposible. Para evitarle una vida tan indigna tomó una decisión: pasar una pata y abrazar a su cría, hasta asfixiarla. La mató para que no sufriera y, después, se lanzó contra una pared con tal fuerza que logró suicidarse. En vistas del procedimiento, la reacción no pareciera ser desmedida...
No sólo los osos sufren una perforación en el abdomen, a la altura de la vesícula, por donde se les succiona bilis varios días a la semana: el agujero se mantiene abierto, lo que genera infecciones adicionales, tumores, cánceres, peritonitis. Además, se los obliga a usar un chaleco de metal para evitar que se maten cuando se golpean el estómago intentando suspender el dolor. El horror tiene su pata habilitadora en la medicina... Es que, en China, la bilis se usa para tratar fiebres altas, enfermedades del hígado y dolor de ojos. Sin embargo, muchos médicos denuncian estas prácticas inhumanas y advierten que en lugar de la bilis osuna se pueden usar hierbas más baratas para apaciguar estos males, o productos sintéticos que no involucran tortura animal.