miércoles, 28 de diciembre de 2011

Murió el chimpancé Chita, que protagonizó filmes de Tarzán en la década del ’30.


Chita, el chimpancé que protagonizó películas de “Tarzán” en las décadas del ’30 y ’40, murió a los 80 años de edad, informó el santuario de Florida donde el animal vivió por más de 50 años.




“Es con gran pesar que la comunicad ha perdido a un querido amigo y un miembro de la familia el 24 de diciembre de 2011″, señaló en su sitio web el Santuario Suncoast Primate de Palm Harbor, en Florida.

Chita participó, entre otras, en las películas “Tarzán the Ape Man” (Tarzán de los Monos) en 1932 y “Tarzán and his Mate” (Tarzán y su compañera) en 1934, filmes clásicos que relatan las aventuras de un hombre criado en la selva, protagonizados por Johnny Weissmuller y Maureen O’Sullivan.

El chimpancé, que llegó al santuario en 1960, amaba pintar con sus dedos y mirar football, y se calmaba escuchando música cristiana, dijo al diario Tampa Tribune Debbie Cobb, director del Santuary Suncoast Primate.

“El podía saber cuando yo tenía un día bueno o un día malo. Siempre trataba de hacerme reír si yo estaba teniendo un día malo. Estaba muy a tono con los sentimientos humanos”, comentó Cobb al periódico.

Ron Priest, un voluntario que trabaja en el santuario, dijo al Tribune que Chita se destacaba porque podía pararse con la espalda erguida, como un humano, además de tener otros talentos.

“Cuando a él no le gustaba alguien o algo que pasaba, tomaba algo de sus excrementos y se los arrojaba. Podía lanzarlo hasta a unos 30 pies (unos 9 metros) a través de las barras” de su jaula, recordó Priest.

jueves, 15 de diciembre de 2011

NUNCA MAS.



 Cuando se encuentran en España un hombre y un toro no se puede hablar de deporte ni de combate, ni siquiera de tentativa de combate. Solamente se puede hablar de tragedia.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Falleció el cineasta Ken Russell.


Tommy, Litztomanía, La otra cara del amor (la vida de Tchaikovsky), Mujeres apasionadas, Los diablos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

CABALLO DE GUERRA (Mario Vargas Llosa). Una obra de teatro recrea la espantosa carnicería de la Primera Guerra Mundial desde la mirada de un caballo. Murieron ocho millones hasta que al final de la contienda los sustituyó el tanque.



¿Es posible representar en un escenario la espantosa carnicería de la Primera Guerra Mundial, con sus 20 millones de muertos, sus soldados asfixiados por los gases de mostaza en trincheras llenas de barro, sapos y ratas, y los pueblos, aldeas y familias destruidos por los obuses, incendios y el odio vesánico de los contendientes?.
La obra está basada en la novela del mismo nombre de Michael Morpurgo, un escritor inglés de origen belga, conocido hasta ahora sobre todo por sus libros de cuentos para niños. Fue adaptada al teatro por Nick Stafford y se estrenó y dio en Londres en el National Theatre con éxito semejante al que luego ha alcanzado en los Estados Unidos. El entusiasmo de los espectadores está más que justificado: War Horse es un espectáculo extraordinario que mantiene en estado de trance a su público las dos horas y media que dura, sumergiéndolo en los horrores de aquella contienda, en la que participaron dos docenas de países y que cambió la faz de Europa. Las escenas se suceden a ritmo de vértigo, cada una más sorprendente y atrevida que la anterior, y es difícil decidir qué es más digno de aplauso en lo que vemos, si la destreza y perfecta interacción de las masas de actores (que parecen multiplicarse como células cancerosas en sus acrobáticas evoluciones) o el llamativo despliegue de la tecnología en los decorados, las luces, el vestuario y la música. La historia circula por ambientes diversos, del frente de batalla y los combatientes a la retaguardia civil, de hogares deshechos, muchedumbres de desplazados, pueblos desiertos, sobrevivientes hambrientos y nubes de huérfanos.
Un gran espectáculo no tiene por qué ser al mismo tiempo una gran obra de teatro Los cuadrúpedos enfrentan su destino con resignación, sin perder nunca la dignidad
Es perfectamente posible, a condición de contar con el talento artístico y la infraestructura dramática indispensables. La prueba de ello es War Horse (Caballo de guerra), el gran éxito de esta temporada teatral en Nueva York, que presenta cada noche ante auditorios compactos y delirantes el Vivian Beaumont del Lincoln Center Theater.
La obra está basada en la novela del mismo nombre de Michael Morpurgo, un escritor inglés de origen belga, conocido hasta ahora sobre todo por sus libros de cuentos para niños. Fue adaptada al teatro por Nick Stafford y se estrenó y dio en Londres en el National Theatre con éxito semejante al que luego ha alcanzado en los Estados Unidos. El entusiasmo de los espectadores está más que justificado: War Horse es un espectáculo extraordinario que mantiene en estado de trance a su público las dos horas y media que dura, sumergiéndolo en los horrores de aquella contienda, en la que participaron dos docenas de países y que cambió la faz de Europa. Las escenas se suceden a ritmo de vértigo, cada una más sorprendente y atrevida que la anterior, y es difícil decidir qué es más digno de aplauso en lo que vemos, si la destreza y perfecta interacción de las masas de actores (que parecen multiplicarse como células cancerosas en sus acrobáticas evoluciones) o el llamativo despliegue de la tecnología en los decorados, las luces, el vestuario y la música. La historia circula por ambientes diversos, del frente de batalla y los combatientes a la retaguardia civil, de hogares deshechos, muchedumbres de desplazados, pueblos desiertos, sobrevivientes hambrientos y nubes de huérfanos.
Un gran espectáculo no tiene por qué ser al mismo tiempo una gran obra de teatro y Caballo de guerra no lo es. Nunca traspasa la superficie de la guerra y sus estragos, no hay en ella personajes individuales que descuellen ni un conflicto en el que se trasluzcan los temas neurálgicos de la condición humana, aquellos sótanos enigmáticos de la existencia cotidiana de hombres y mujeres. Sus actores son grupos gregarios, estereotipos, símbolos, figuras sin alma, comparsas, dotados todos ellos, eso sí, de una notable capacidad mutante, danzarines y acróbatas a la vez que comediantes, que se desdoblan y triplican y encarnan, cada uno, dos, tres, diez papeles diferentes, en ese carrusel desbocado que parece el tiempo en esta historia.
No podría ser de otra manera, pues los personajes centrales de la obra no son seres humanos, sino los caballos, en especial un noble cuadrúpedo llamado Joey por sus amos, cuya peripecia vital seguimos desde que es un joven potrillo arisco y caprichoso, simpático y querible, hasta que, años más tarde, hecho una ruina física pero indoblegable en su voluntad de vivir, retorna a la campiña de suaves colinas de Dover en la que se crió, luego de haber sobrevivido milagrosamente a los atroces cuatro años de guerra que padeció casi siempre en los lugares de mayor peligro.
No conozco la novela de Michael Morpurgo en que está basada la obra, pero no hay duda que es ingeniosa y audaz la perspectiva que eligió su autor para presentar este alucinante documental sobre las atrocidades de la Gran Guerra: la mirada de un caballo. Fue la última conflagración en la que los caballos participaron de manera masiva. Murieron unos ocho millones de ellos, arrastrando cañones y ambulancias, llevando y trayendo tropas, alimentos, heridos y cadáveres, o en cargas disparatadas de los regimientos montados en las que terminaban enredados y desangrándose en las alambradas antes de volar en pedazos por efecto de las explosiones. Del millón de caballos ingleses que fueron al frente sólo regresaron a la isla unos 62.000.
En los últimos meses de la guerra apareció el nuevo animal que reemplazaría al caballo en los futuros conflictos, un cuadrúpedo de acero y orugas en vez de patas, tan feo, macizo y destructivo como su denso nombre: el tanque.
Los caballos que aparecen en el espectáculo son hermosos y enormes, poseídos de una vitalidad conmovedora, más tiernos y sensibles que esos pobres soldaditos que se entrematan a su alrededor en la vorágine incompresible y feroz a la que han sido acarreados. Los cuadrúpedos enfrentan su destino con resignación y cumplen sus deberes hasta el último aliento, sin perder nunca la dignidad. Son de madera y han sido construidos por una compañía sudafricana, la Handspring Puppet Company, fundada por Adrian Kohler y Basil Jones, los artífices de esas escenas milagrosas en que los caballos galopan, saltan, hacen extraños, se desploman o vuelan al compás de las peripecias de la historia. Uno tiene la impresión de que, en algún momento, esas estructuras de madera se transustancian en caballos de verdad, y que los tres o cuatro marionetistas que los manipulan desaparecen, absorbidos por la magia del teatro, y por eso se llenan de lágrimas los ojos de los espectadores cuando los infelices y heroicos animales se desmoronan, alcanzados por los proyectiles, o son sacrificados para salvar de la inanición a los soldados.
Cuando uno ve una obra como ésta, que lo maravilla por su riqueza plástica, por la excelencia de su factura, por sus audacias, sorpresas y la genialidad de su hechura, tal vez sea una mezquina injusticia preguntarse si el teatro del futuro inmediato se irá acercando cada vez más a la feérica naturaleza de War Horse y pareciéndose cada vez menos al teatro tradicional, aquel en el que eran las palabras, las acciones y los sentimientos la razón de ser del espectáculo, lo que lo justificaba o hundía. Porque en esa maravilla que es Caballo de guerra el espectáculo es tan prodigioso y autosuficiente que la anécdota, los parlamentos, las pasiones y emociones se han convertido en un mero pretexto para la representación, de modo que no es abusivo decir de ella que, siendo todo lo magnífica que es, está más cerca del Cirque du Soleil que, digamos, de la mejor producción concebible de una pieza de Shakespeare, Ibsen o Valle-Inclán.
La pasé fantásticamente bien viendo War Horse, pero, al salir a enfrentarme al viento neoyorquino, me asaltó de pronto la sospecha angustiosa de que, dadas las tendencias de la cultura en nuestros días, el teatro podría convertirse tarde o temprano en eso, sólo en eso.

 
MARIO VARGAS LLOSA 20/11/2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011

ACABO DE VER A UN BEATLE. (Crónica rapidita y al pie). "It´s only ´I wanna be your man´ but I like it"

Mi deseo era ver a Ringo. Ver a Ringo como a cualquier otro Beatle. Si el tipo aparecía, decía "hola" y se iba, para mí estaba bien. Si tocaba una zamba, recitaba a Vargas Llosa, o contaba como River se fue al descenso, me daba lo mismo. Me pasó con los Stones y también con McCartney. En ese sentido, yo salí hecho. Fuí por la leyenda, por los recuerdos de la infancia, y nada hay en el mundo que se compare con un Beatle. Fui en búsqueda del mito beatle y ahí estaba. Dicho esto, debo reconocer que el show cumplió y nada mas. Tiene 71 años, no le vamos a pedir los 60´s, claro. Pero se lo bancó bien. Es un Beatle, y un Beatle no se discute, se disfruta y ya. Alguien podría decir que no es Paul (o mas prescisamente que "no fue como el show de Paul"). Y ese alguien tendría razón. En mi caso, sabía que Ringo plantaba su show desde otro lado. Tuve la impresión de de estar en una fiesta, en la fiesta de graduación de los estudiantes del colegio de artes en Liverpool!!, yeahhh!!. Noche de baile y a recordar hits. Me hubiera gustado que tocara mas temas de los Beatles. Seguro, que tantas canciones de los otros músicos de la banda,  conspiraron con el power del show. Tres temas menos de sus acompañantes, reemplazados por otros tantos de los Beatles, hubieran hecho la diferencia. Sobretodo los impostados sets de Gary Wright, "tiraron para abajo", promediando el show. Cuando la gente ya se impacientaba, Ringo volvió a levantar con el final de "With a little help for my friends" y "Give peace a chance". En fin, mis primeras impresiones del show a minutos del cierre. Anochecer de u día agitado, ACABO DE VER A UN BEATLE, Yeahhhh!!! y finalmente eso eso es lo que importa.

(Palo Carugati para Ines Chantall)

miércoles, 19 de octubre de 2011

Pavo real volando evoca a la mítica ave fénix


Esta extraordinaria imagen de un pavo real volando —abriendo las alas en una celeste crucifixión— ha circulado en Internet recordando a algunos la poética leyenda del ave fénix. La imagen fue tomada por un aficionado indio a la naturaleza, Kulashekara, y destaca por capturar en todo su esplendor el vuelo de un ave que comúnmente se observa anclada a la tierra, pero que durante el vuelo reluce con los colores del sol naciente en sus alas y las joyas relumbrantes de su cola.


El pavo real es históricamente el ave que más semejanzas tiene con el fénix; al igual que el fénix, para el cristianismo el pavo real simbolizó la resurección y la inmortalidad (y por lo tanto a Cristo). Los egipcios, probablemente por su similitud descriptiva con el fénix, consideraban al pavo real un ave sagrada. Por su belleza, es comprensible que el pavo real fuera el ave favorita de la suprema diosa griega Juno.
En China se dice que la cabeza del Ave Fénix guarda semejanza con el cielo, los ojos al sol, la parte trasera a la luna, sus alas al viento, las patas a la tierra y su cola a la distancia.

Jorge Luis Borges, en su Libro de los Seres Imaginarios, dice del fénix:
«Los antiguos creyeron que, cumplido ese enorme ciclo astronómico, la historia universal se repetiría en todos sus detalles, por repetirse los influjos de los planetas; el Fénix vendría a ser un espejo o una imagen del universo. Para mayor analogía, los estoicos enseñaron que el universo muere en el fuego y renace del fuego y que el proceso no tendrá fin y no tuvo principio».

miércoles, 12 de octubre de 2011

Levantado de Facebook.


Dos amigas mueren y se encuentran en el cielo. Y una le pregunta a otra: -Como moriste tu? -Congelada. -Y duele? -Y, al principio te dan unos escalofríos horribles, después te da un dolor en los dedos y los huesos, te empiezas a congelar. Me dormí y morí. -Uuyy, que horrible! -Y vos como moriste? -Bueno a mi me dio un infarto -Y como fue eso? -Bueno, te cuento. Creía que mi esposo me estaba engañando, así que regresé temprano a la casa y lo encontré muy tranquilo viendo tele. Salí corriendo al garage y no encontré nada. Luego fui al patio y nada. Subí corriendo a la segunda planta y nada. Cuando venia bajando las escaleras me dio un infarto de la alegría que no me era infiel y morí. -NOOO JJAJAJA! Hubieses buscado en la heladera y las dos estaríamos vivas!!!

lunes, 19 de septiembre de 2011

Abrazo de oso.


Sin duda, el amor filial no es monopolio del ser humano. Si no, imposible comprender el episodio de inteligencia y cariño osuno, registrado en una finca de una remota zona del noroeste de China, en la que se mantenía en cautiverio a unos osos para filtrar a diario sus vesículas. ¿Para qué? Para extraer bilis, sustancia cotizada, ampliamente utilizada por la medicina tradicional del país oriental. Aunque todos y cada uno de los ejemplares estaban encerrados en pequeñas jaulas (conocidas como “crush cages”), una osa madre que escuchó cómo su cachorro lloraba en plena sesión de extracción, efectuó unas maniobras y logró escaparse. Fue en busca de su hijo y, cuando lo halló, intentó liberarlo, para ayudarlo a escapar de las torturas rutinarias, pero la jaula estaba tan bien asegurada que fue imposible. Para evitarle una vida tan indigna tomó una decisión: pasar una pata y abrazar a su cría, hasta asfixiarla. La mató para que no sufriera y, después, se lanzó contra una pared con tal fuerza que logró suicidarse. En vistas del procedimiento, la reacción no pareciera ser desmedida...
No sólo los osos sufren una perforación en el abdomen, a la altura de la vesícula, por donde se les succiona bilis varios días a la semana: el agujero se mantiene abierto, lo que genera infecciones adicionales, tumores, cánceres, peritonitis. Además, se los obliga a usar un chaleco de metal para evitar que se maten cuando se golpean el estómago intentando suspender el dolor. El horror tiene su pata habilitadora en la medicina... Es que, en China, la bilis se usa para tratar fiebres altas, enfermedades del hígado y dolor de ojos. Sin embargo, muchos médicos denuncian estas prácticas inhumanas y advierten que en lugar de la bilis osuna se pueden usar hierbas más baratas para apaciguar estos males, o productos sintéticos que no involucran tortura animal.

domingo, 28 de agosto de 2011

Existe en "La ultima cena", de Da Vinci, una composición musical.


El músico italiano Giovanni Maria Pala, estudioso del famoso cuadro "La última cena", de Leonardo Da Vinci, está convencido de que dicha pieza esconde una partitura, esconde una partitura, un réquiem que bien podría ser un himno a Dios.

Considera el investigador que a través de las hogazas de pan que se encuentran en la mesa y las manos de los comensales (Jesús y los 12 apóstoles), publicó Yahoo en su Cuaderno de Historias, un artículo de Alfred López.
Pala lo demostró trazando las cinco líneas de un pentagrama, cruzando el cuadro y marcando cada elemento (panes y manos) como una nota musical, lo cual conforma una partitura con una pieza de 40 segundos.
En el primer intento no lo logró, pero decidió estudiar más profundamente el cuadro y consideró las manos de los apóstoles como notas, además de los trozos de pan e interpretó el pentagrama de derecha a izquierda, siendo coherentes con la forma que tenía Leonardo da Vinci de escribir.
El hecho de que los apóstoles representados en el cuadro se agrupen de tres en tres, le hizo pensar en la posibilidad de que el ritmo fuera 3/4, como mucha de la música del siglo XV.
La genialidad del gran artista italiano ha llevado a creer que todas sus obras ocultan un código o mensaje, por lo que absolutamente todo lo que aparece en el cuadro, es analizado microscópicamente por muchos especialistas y cada "experto" le da una lectura y un significado diferente.
El lienzo presentado hacen que desde cualquier rama científica, religiosa o paranormal, se le den continuamente diferentes lecturas.
En el campo de la literatura también se han creado nuevas hipótesis sobre el contenido de la pintura; la mayoría se sitúan en la línea que separa lo real con la ficción y provoca que muchas personas tomen como ciertas, teorías que sólo son leyendas.

jueves, 11 de agosto de 2011

Canguros trazan crop circles en Australia tras consumir opio.


Confirman que figuras geométricas trazadas en cultivos de Australia no fueron obra de extraterrestres sino de canguros viajando en opio.
Al parecer la relación entre la estética y los opiáceos también se aplica a los canguros. Recientemente se hallaron en Australia diversas muestras de crop circles (trazos o círculos en los cultivos) y muchos se apresuraron a adjudicar la autoría de estos dibujos a inteligencias extraterrestres. Sin embargo, aparentemente las obras no fueron realizadas por seres de otro planeta, sino por canguros que, después de consumir opio, dieron rienda suelta a sus nociones artísticas.
En Australia se cultiva el 50% de la producción legal de opio que se utiliza en miles de medicamentos alrededor del mundo. Y al parecer estos marsupiales se sienten atraídos por los poéticos campos de amapola y, tras devorar sustanciosas raciones, se entregan a efusivos recorridos en patrones circulares que terminan por trazar extraños diseños en los campos.
Pero este no es el único caso de animales salvajes a los que su instinto impulsa a consumir sustancias psicoactivas para, posiblemente, expandir su conciencia animal. Entre otros ejemplos podemos incluir a elefantes y gorilas asiduos al consumo de moras fermentadas o cerdos salvajes y puerco espines que gustan de degustar una raíz africana llamada Iboga, considerada como uno de los más potentes psicodélicos naturales. Para más información sobre prácticas psicotrópicas entre animales salvajes te recomendamos leer la nota “Instinto psicoactivo: animales salvajes que consumen drogas“.


miércoles, 3 de agosto de 2011

"Argentina sufrirá la tormenta en pequeña, la que luego azotará al mundo"



La crisis mundial que arranco en EUA, y continuó en Europa, esta lejos de terminar, en realidad recién comienza, España, Grecia, Portugal, Italia, Gran Bretaña.... tal como lo profetizó BSP. la crisis de Argentina sería replicada pero en grande en el mundo, las recetas de los organismos internacionales son las mismas, por lo que el final seguramente será el mismo.

(Profecía del año 1938)

jueves, 21 de julio de 2011

Muere Lucian Freud.

El pintor falleció a los 88 años en su casa londinense tras una enfermedad.


Autorretrato de Freud.El pintor británico Lucian Freud, conocido por sus retratos y desnudos hiperrealistas, murió el miércoles en Londres, a los 88 años, según informó este jueves su marchante neoyorquino, William Acquavella.

Acquavella explicó que el artista falleció en su casa londinense tras una enfermedad, sin precisar más detalles.



domingo, 17 de julio de 2011


Había un país muy verde donde todos eran verdes y las cosas eran verdes bajo un cielo muy verde donde seres verdes caminaban por calles verdes vestidos de verde y cuando se avergonzaban se ponían verdes. Donde una mañana muy verde, por una ruta verde, el señor Green Verdes se detuvo en una curva verde de la verde ruta cuando vio que un auto rojo se acercaba. Cuando el auto rojo se detuvo frente al señor Verdes y su auto verde en medio de la ruta verde, el señor verde bajó del auto, miró al hombre rojo que viajaba en él y le preguntó con asombro: Disculpe, ¿usted es de otro cuento?